La noche del jueves 3 de agosto era apacible para algunos residentes del barrio Los Olivos, muy cerca del aeropuerto de Riohacha. Varios permanecieron en las terrazas de sus casas hasta entrada la madrugada, refrescándose con la brisa que alivia los días calurosos de septiembre.
Uno de ellos despidió a un grupo de amigos y se preparaba para dormir cuando escuchó, a las afueras de su casa, el ruido de varios hombres que empezaban a merodear. Detrás de los vidrios polarizados alcanzó a distinguir a agentes de la Policía revisando las cámaras de seguridad instaladas en la cuadra, algunas de ellas puestas por los propios habitantes del sector para hacerle frente a la inseguridad que golpea a la capital de La Guajira. Muy pronto, por los chats de WhatsApp del barrio, empezaron a circular los primeros mensajes de alerta entre quienes vivían cerca.
Poco después de las once de la noche, los uniformados instalaron un retén y comenzaron a revisar el tránsito de la zona. Varios de los presentes esa noche aseguran que no escucharon disparos ni que se hubiera presentado una balacera. Los pocos que se atrevieron a asomarse a la calle fueron enviados de vuelta a sus casas por los mismos agentes.
Esa madrugada, el presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, emitió un comunicado en Twitter —hoy X— en el que anunciaba la "baja" de Nain Andrés Pérez Toncel, alias 'Bendito Menor'; de su pareja, Rosangélica Tarazona, conocida como 'La Bebecita', y de otras dos personas señaladas como integrantes de su organización, las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada. El mandatario atribuyó el golpe a una operación de la Policía Nacional en la que, según su relato, se emplearon drones y tropas de asalto.
"Nada de eso ocurrió", dice una vecina que permaneció al pie de su ventana casi toda la noche, siguiendo de cerca lo que pasaba afuera.
Para contrastar su relato, periodistas de 360-grados.co en alianza con el Reporte Coronell consultaron al menos a otros tres residentes de la cuadra, quienes coincidieron en que nunca se presentó una balacera ni un operativo de asalto contra la casa donde, según la Policía, se escondían 'Bendito Menor' y su pareja. "No escuché ningún ruido de balacera", dijo otra persona que vive a pocos metros del lugar donde luego aparecieron los cuerpos y que pidió no ser identificada.
Esa versión de calle contrasta con la que entregó la institucionalidad en los días siguientes. La Policía Nacional confirmó la muerte de Pérez Toncel durante la llamada Operación Centinela de la Patria y sostuvo que un grupo de 16 comandos de operaciones especiales, identificado como 'Los Lobos', llegó hasta la vivienda de Los Olivos y encontró resistencia armada por parte de cuatro personas, que terminaron abatidas en el enfrentamiento.
Sobre Pérez Toncel pesaban órdenes de captura vigentes por homicidio agravado, secuestro, extorsión y concierto para delinquir, además de una circular roja de Interpol que solicitaba su aprehensión internacional, de acuerdo con el reporte de Caracol Radio sobre su perfil criminal.
A los 26 años había pasado de sicario a jefe del frente Javier Cáceres de esa estructura armada, tras haber salido de las filas de 'Los Pachenca'. El director de la Policía señaló, además, que tenía bajo su mando a 140 hombres, según la declaración pública de la institución.
Junto a él, y junto a 'La Bebecita', murieron dos hombres identificados por las autoridades como sus escoltas: Orlando Paternina, alias 'El Tío', y Keiner Moscote, alias 'Casi Loco'. La versión institucional sostiene que los cuatro dispararon contra los uniformados antes de morir en el sitio.
Los relatos recogidos en el sector por periodistas del portal 360 Grados en alianza con el Reporte Coronell, apuntan en otra dirección.
Nadie en la cuadra dice haber escuchado disparos esa noche; se enteraron de lo ocurrido cuando la zona ya estaba rodeada de uniformados, no durante un intercambio de fuego. Tampoco encuentran señales de que la puerta de la casa haya sido forzada: la única entrada de la vivienda no presenta marcas de violencia, un detalle que choca con el relato de un enfrentamiento armado dentro del inmueble.
Al recorrer parte de la casa y sus alrededores, este medio tampoco halló perforaciones de bala en las paredes ni otras huellas propias de un intercambio de disparos.
A eso se suma que ningún habitante del sector reportó haber visto helicópteros sobrevolando la zona esa noche, ni haber notado el despliegue que suele acompañar una operación con 16 comandos de fuerzas especiales.
Quienes estuvieron despiertos hasta la medianoche insisten en que el movimiento de uniformados solo se hizo evidente después de ocurridos los hechos, no durante un procedimiento en curso.
Sobre Orlando Paternina, quienes lo conocían ofrecen una versión distinta a la oficial, en la que lo califican como uno de los guardaespaldas del Bendito Menor. Algunos vecinos que lo conocieron sostienen que había arrendado esa casa, donde vivía con su familia, entre ellos tres menores de edad, y que trabajaba a diario como instructor en una escuela de conducción.
“Lo veíamos salir en la mañana y regresar en la tarde”, dice una persona que lo conoció.
No descartan que tuviera algún vínculo con la organización de 'Bendito Menor', ni que esa noche le estuviera dando resguardo, según consignó Caracol Radio al reportar sobre las dudas frente a la versión oficial, pero rechazan que se tratara de un escolta armado del grupo, dada su rutina laboral conocida en el barrio.
Otro punto de contraste tiene que ver con el armamento. La Policía mostró tres pistolas como parte del material incautado en el operativo, pese a que las víctimas fueron cuatro, lo que deja abierta la pregunta de si al menos una de las personas abatidas estaba desarmada al momento de morir.
A esto se agrega que las cámaras de seguridad instaladas en el exterior de la vivienda —las mismas que el vecino insomne vio revisar desde su ventana— fueron retiradas por los uniformados durante el procedimiento, no solo inspeccionadas. Si el objetivo era recuperar las grabaciones de quienes entraban y salían del lugar, habría bastado con extraer la memoria de almacenamiento; en cambio, los dispositivos completos fueron desmontados.
El contraste entre lo que narran los documentos oficiales y lo que describen quienes vivieron esa noche en Los Olivos remite a un marco legal que define cuándo y cómo puede la Fuerza Pública usar armas de fuego contra una persona.
La Constitución y la ley le asignan a la Policía la función de capturar a quienes tienen una orden judicial en su contra y ponerlos a disposición de un juez, no la de ejecutarlos en el sitio.
El Código Nacional de Policía recoge ese principio al establecer que debe evitarse al máximo el uso de la fuerza y, cuando no sea posible evitarlo, limitarla al mínimo necesario.
La Policía Nacional no ha respondido públicamente a los señalamientos sobre la ausencia de forcejeo en la puerta, el número de armas incautadas frente al número de víctimas, ni el retiro de las cámaras del sector.
Mientras eso ocurre, en Riohacha persiste la distancia entre el comunicado que el presidente de la Espriella publicó esa madrugada y lo que describen, todavía hoy, quienes vieron pasar a los uniformados por su calle.


